2024 Eyad Baba/AFP via Getty Images.
¿Marcharemos hacia atrás, sin nadie que nos comprenda
y sin comprender a los demás?
Tú preguntas estas cosas. No esperes ninguna respuesta
salvo la tuya.
Bertolt Brecht, Poemas 1913-1956.
I. TECNOFEUDALISMO
Cada cierto tiempo aparece algunas palabras que nos inquietan, nos persiguen, nos atormentan: globalización, postmodernidad, woke, lawfare, algogracia, posverdad, fake news, gaslightingson, ciberactivismo, son algunas de ellas, en torno a ellas gira la discusión, la polémica, el extravío.
Yanis Varoufakis, ex ministro de economía de Grecia, ha planteado la idea de que vivimos en un tecnofeudalismo, en una versión del capitalismo que también se puede llamar hipercapitalismo: «Si prestamos atención, no nos costará ver que la mutación del capital en lo que yo llamo «capital en la nube» ha demolido los dos pilares del capitalismo: los mercados y los beneficios. Los mercados, el medio del capitalismo, han sido sustituidos por plataformas de comercio digitales que parecen mercados, pero no lo son, y que se entienden mejor si los consideramos feudos. Y el beneficio, el motor del capitalismo, ha sido sustituido por su predecesor feudal, la renta. En concreto, una forma de renta que debe pagarse para tener acceso a esas plataformas y, en general, a la nube. La llamo «renta de la nube».
El capitalismo clásico nos vendió la idea que nuestra existencia estaba determinada para comprar cosas, la apropiación material era el fin existencial y espiritual. La edad media nos había convencido que el ser humano era el gran cuidador de la creación divina, pero la modernidad capitalista cambio nuestro rol y exigió que seamos los dueños del mundo y por lo tanto de todo lo que contenía, eso incluía la tierra, los animales, las plantas, así como los niños, las mujeres, las personas esclavizadas.
La cantidad determinaba nuestro poder y posición social, el ideal era tener no uno sino cientos o miles de cosas. La propiedad era el gran argumento jurídico, esta recaía sobre las cosas, sin importar la forma de adquirirlas, el camino de la corrupción, el saqueo, la explotación no era un obstáculo pues estas prácticas eran validadas por el poder público, que también podía ser comprado.
Yanis denuncia que esta idea de “tener” ha sido trastocada a otra “estar suscrito”. Ya no es la propiedad sino el alquiler permanente de las cosas lo que rige el actual mundo. La relación con las cosas, ahora transformadas en servicios, es una relación de un eterno presente. La psicología del deseo del capitalismo clásico cesaba cuando obteníamos y nos apropiábamos del objeto deseado, hoy ese deseo ha trasmutado en un apetito constante, permanente, que se sacia en cada subscripción que pagamos.
Antes bastaba comprar el vinilo, el cd, el álbum de nuestro grupo musical favorito; hoy la música de nuestra preferencia se encuentra en alguna plataforma digital que nos permite acceder a toda la música inventada y que cada día se multiplica, pero que la perdemos si no cumplimos con el pago temporal. Antes, dependiendo del dinero que poseías, podías construir una discoteca modesta, ahora puedes acceder a una colección inimaginable de toda la música del mundo, pero pobre de ti si a fin de mes el sistema te expectora y no puedes pagar el servicio, te quedas como cantaba el puma Rodríguez “dueño de que, dueño de nada”.
En ese sentido nos hemos convertido en nuevos “siervos” de estos “nuevos “señores feudales”, que a diferencia de aquellos que se apropiaban de los cuerpos, hoy se apropian de nuestro lado “inmaterial”, los datos personales, que dejamos como migajas cada vez que transitamos por las redes sociales. Hoy las plataformas nos conocen más que nosotros mismos, cada día instruimos al algoritmo sobre nosotros para que este finalmente nos termine dominando a partir de nuestras preferencias. Ya no es un amo severo, ante el cual abrigamos la sospecha de su poder y el ánimo de rebeldía, ahora es un mayordomo complaciente que satisface cada apetito virtual y que nos permite podemos movernos por todo el mundo (digitalizado), pero cada paso que damos es debidamente registrado y analizado, es vigilado.
II. LOS SEÑORES DE LA GUERRA
Los dueños de las empresas de vanguardia tecnológica se han convertido en los nuevos señores de la guerra. En el Manifiesto de Palantir se lee (I) La élite de la ingeniería de Silicon Valley tiene la obligación positiva de participar en la defensa de la nación; y más adelante precisa (IV) Los límites del soft power, de la retórica brillante por sí sola, son hoy evidentes. La capacidad de las sociedades libres y democráticas para imponerse exige algo más que un llamado moral. Exige hard power, y el hard power de este siglo se basará en el software.
El poder duro del software se refleja en las herramientas de la IA Babel X, proporcionada por Babel Street, e Immigration OS de Palantir, que cuentan con capacidades automatizadas que permiten el monitoreo, la vigilancia y la evaluación constantes de personas, utilizada como parte de la iniciativa “Atrapar y revocar” (“Catch and Revoke”) de la policía migratoria de Trump, la asesina agencia Servicio de Inmigración y Control de Aduanas ICE, según la denuncia que hace Amnistía Internacional.
En su caso más extremo estas tecnologías han sido utilizadas, y siguen funcionando, en la masacre del gobierno israelí, de Netanyahu, contra el pueblo palestino, incluido niños. Esos softwares con capacidad de matar a decenas de personas tras una sencilla operación tienen nombres como Hasbora, Replicator, Hivemind. Las empresas que los crean y venden son algo más conocidos: Palantir, Anduril o Shield ai. Y no funcionarían, no al menos al tope de su capacidad, sin los datos aportados por las grandes de la tecnología, Google, Amazon, Microsoft, Meta u Openai, tal como lo reseña un artículo de la revista Nueva Sociedad (La máquina de los asesinatos en masa N° 316).
Esta función de la tecnología no nos debe extrañar, pues Nuestra sociedad tiene cada vez más prisa, y a menudo alegría, por la desaparición de sus enemigos. Derrotar a un adversario es un momento para hacer una pausa, no para regocijarse, señala el punto XI del manifiesto. La consecuencia de esta postura es un discurso de ira, violento, de dominación y neoimperialista, porque La prudencia que fomentamos involuntariamente en la vida pública es corrosiva. Quienes no dicen nada malo, a menudo no dicen gran cosa en absoluto (XIX) por eso el discurso de miedo que enloquece a los seguidores de Trump.
Alexander Carp, el multimillonario dueño de Palantir ha publicado La república tecnológica: Poder duro, pensamiento débil y el futuro de Occidente, como parte de su adoctrinamiento a sus seguidores. Es una crítica contra la postura política de Silicon Valley que el autor considera un “retroceso cultural” y una deslealtad contra la nación americana. La postura que sostiene, clara y sin rodeos, es “garantizar” que el Departamento de Defensa de EE.UU. deje de ser una institución obsoleta y que pase de luchar y ganar guerras cinéticas a una organización que pueda diseñar, construir y adquirir armamento IA. Su declaración lo confirma: “Es esencial que reorientemos nuestra atención hacia la construcción de la próxima generación de armamento de IA que determine el equilibrio de poder de este siglo, cuando termine la era atómica, y en el próximo”.
Las posibilidades de la IA parecieran que son infinitas, hace poco mi novia ha creado una canción para su mamá con un nivel profesional, sin conocer nada de música, solo porque encontró el software para hacerlo. No nos detendremos a especular el alcance de estas tecnologías, pero sospechamos, como muchos, que podemos terminar siendo ese personaje de Black Mirror que en un día su vida se vuelve una desgracia porque va perdiendo likes, o, tal vez, nuestro destino sea vivir en esa ciudad hiperpoblada y contaminada, mientras otros viven en ciudades espaciales como denuncia que será el futuro de la humanidad la película Elysium.
Hace unos días Trump ha sido recibido en China, el recibimiento me ha recordado la espectacularidad de la marcha imperial de Star War. En esta oportunidad Trump ha dejado de ser Darth Vader para convertirse en el niño educado de la escuela, incluida la travesura de ver en los papeles de Xi Jinping, quien le ha preguntado al matón de la aldea global y al mundo, si ambas potencias podrán superar “la trampa de Tucídides”, es decir, el enfrentamiento fatal o optaran por el camino de la cooperación.
La posibilidad de verlos sentados en la mesa frente a frente con esa nitidez inmersiva es incomparable, por un momento uno cree que participa en la reunión de los dos hombres más poderosos del planeta tierra. Pero al instante recuerdo a Hanna Arendt quien identificaba a la política como una mesa: el lugar que ocupas es clave. En esa mesa no aparecemos ni tu ni yo, ni a millones de kilómetros. Las negociaciones de esos hombres giran en agendas ocultas. Para algunas analistas la conversación verdadera ha girado entre los microprocesadores norteamericanos de Nvidia y la provisión de tierras raras chinas y bajo esa lógica se han atrevido a afirmar que hemos presenciado el traspaso del poder mundial con un apretón de manos.
III. ¿Y NOSOTROS?
¿Y quienes son los “enemigos” y “adversarios” de estos nuevos amos del universo? Fuera de su indefinición teórica, la realidad nos dice que son los 64 mil niños y niñas gazaties asesinados, incluidos mil bebes; los 120 escolares asesinados con un misil IA en la escuela de Minab en Irán; son los más de 670 mil personas deportadas de Estados Unidos, en su mayoría latinoamericanos, ello incluye a 15 que han sido enviados a países como el Congo que padece una crisis humanitaria o cientos de venezolanos enviados al Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT); también son los miles de cubanos que padecen de apagones de 20 horas por el bloqueo marítimo a la isla.
Son tiempos confusos, grises. En el entretiempo del Super Bowl 2026 Benito Antonio Martínez Ocasio más conocido como Bad Bunny realiza una apología a la cultura latinoamericana, incluyendo una denuncia contra los apagones cubanos, es el espectáculo de la “rebeldía bonita”, es el autoconsumo de nuestra protesta, incluida la participación de este montaje del histriónico Trump que vocifera es un “asco”, para hacernos creer que este simulacro es real, pero lo cierto es que a 90 millas de ahí, los 10 millones de personas de carne y espíritu de la “verdadera revolución” se alumbran a vela.
Hay una pregunta que es legítima hacernos ¿es necesario el sufrimiento del pueblo cubano? ¿La resistencia política de sus dirigentes a someterse al Imperio Norteamericano justifica el sufrimiento real y diario del pueblo cubano? No es la primera vez que hechos de esta naturaleza ocurren en el mundo y posiblemente sucederán muchos más. Mauro Bonazzi recrea la historia contaba por Tucídides, que esta de moda otra vez, sobre el enfrentamiento entre la poderosa Atenas y la pequeña isla Milo. Entre ellos se entabla una conversación que gira alrededor del Poder y la Justicia.
Los atenienses en su condición de potencia militar intentan instruir, como si fueran unos niños, a los melios a someterse al poder de la fuerza: “En este mundo, lo que vale es el poder, el interés y la fuerza” dicen los atenienses a lo melios y resaltan que de son someterse las consecuencias pueden ser catastróficas para su pueblo. Los melios se resisten, física y espiritualmente a aceptar que el ser humano se reduzca a ello, creen que las ideas de libertad, de justicia y solidaridad también son valederas. El final todos conocemos el desenlace, no queda ni un melio vivo, la fuerza se ha impuesto.
Como reflexiona Simone Well la fuerza es aquello que vuelve al ser humano en una cosa, y en el sentido más literal de la palabra una cosa, en el sentido humano, es volverlo un cadáver. Karl Polanyi en su emblemática obra La Gran Transformación explica como la economía de mercado vuelta en sociedad de mercado es la responsable de la hambruna de la India de 1943 que llevo a millones a la muerte, no por falta de arroz sino porque se extirpo de la sociedad relaciones sociales como la solidaridad.
Hoy en la noche, en algún pueblo, en alguna casa cualquiera, alrededor de una vela una familia cubana se preguntará si se puede esperar la solidaridad del planeta para superar la imposición de la fuerza norteamericana, quizá la indiferencia global frente al genocidio gazatí no sea una buena noticia, ni lo millones de likes en contra de esa masacre, ni el gesto del joven futbolista Lamine Yamal levantando la bandera palestina sea suficiente para parar en el mundo la IRA de los poderosos.
Creo que, como esa pequeña vela, la mínima resistencia: un like, un sentimiento de indignación, un pensamiento que creE que el hombre es más que un animal violento, impulsado por su fuerza y ambición, la creencia que podemos creer en la solidaridad, en la paz, en el bien, no cambiaran el mundo, pero, también creo que sin esa pequeña luz, NUESTRO mundo terminará dominado por la oscuridad por siempre.
Arequipa, 2026 mayo 16
Autor: Hector Juarez Camargo
(Arequipa, 1968), abogado de profesión por la Universidad Católica Santa María (UCSM), licenciado en Filosofía en la Universidad Nacional de San Agustín (UNSA), magister en Ciencia Política y Gobierno con mención en Políticas Públicas y Gestión Pública, por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) Docente en diferentes universidades. Con amplia experiencia en la gestión pública.
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