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Entre el consumo y la conciencia: una mirada crítica a la celebración en la sociedad capitalista
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La lógica mercantil en las conmemoraciones
En las últimas décadas, asistimos a una transformación notable en la manera en que la sociedad capitalista aborda sus conmemoraciones. Fechas que en su origen nacieron de la reivindicación y la memoria colectiva han sido absorbidas y reformuladas por la lógica del mercado, convirtiéndose en oportunidades de consumo antes que en espacios de reflexión. El Día Internacional de la Mujer Trabajadora es un ejemplo paradigmático de este fenómeno: lejos de su sentido original, se ha convertido en una jornada donde la publicidad y el comercio dominan el discurso, relegando el verdadero significado y la lucha detrás de la fecha.
Esta mercantilización no es casual, sino que responde a un sistema que trivializa y despolitiza todo aquello que pueda cuestionar sus estructuras. El capitalismo necesita apropiarse de los símbolos, vaciarlos de contenido y ofrecerlos empaquetados como productos para el consumo masivo. Así, celebraciones como el Día de la Mujer pierden su potencia transformadora y pasan a ser parte del engranaje que perpetúa la desigualdad.
El Día de la Mujer: sentido original y desvío comercial
El 8 de marzo se originó como una expresión de protesta y reivindicación, vinculada a las luchas obreras y feministas por mejores condiciones laborales, derechos civiles y equidad. Era un día para recordar a las mujeres que, enfrentándose a la discriminación y la explotación, exigieron dignidad y justicia. Sin embargo, la narrativa dominante ha desviado el foco hacia la celebración superficial, promoviendo regalos, promociones y felicitaciones vacías que poco tienen que ver con el espíritu combativo de la fecha.
Las grandes marcas, empresas y medios de comunicación han encontrado en el Día de la Mujer un filón comercial, orientando el discurso hacia la gratificación individual y el consumo, en vez de la reflexión colectiva. Se diluyen las demandas históricas y se invisibiliza la diversidad de experiencias de las mujeres trabajadoras, sustituyendo la memoria y la lucha por un simple gesto comercial. Este fenómeno evidencia cómo el capitalismo logra trivializar y neutralizar fechas clave, transformando la conmemoración en un evento rentable.
Diversidad de las mujeres trabajadoras: realidades, identidades y resistencias
Reconocer a las mujeres trabajadoras implica asumir la pluralidad de sus realidades y experiencias. No existe una única mujer, ni una sola manera de vivir el trabajo; la diversidad atraviesa identidades, contextos, edades, culturas y orientaciones. Las mujeres migrantes, indígenas, afrodescendientes, rurales y urbanas, cada una enfrenta desafíos específicos y construye resistencias desde su lugar. Esta complejidad suele ser omitida en las narrativas comerciales, que tienden a homogeneizar y simplificar la experiencia femenina.
La historia del Día de la Mujer está tejida por las luchas de mujeres anónimas y visibles, por quienes han levantado la voz y por quienes han resistido en silencio. La conmemoración debe ser un espacio donde se valoren todas esas trayectorias, donde se reconozca el aporte de las mujeres al trabajo, a la economía, a la sociedad y a la cultura, más allá de los estereotipos y las etiquetas. Solo así se puede entender la verdadera magnitud de la lucha y evitar que se diluya en la superficialidad del consumo.
Conciencia de lucha: derechos, dignidad y la búsqueda de un mundo mejor
Mantener viva la conciencia de lucha es fundamental para evitar que la mercantilización contamine el significado de las conmemoraciones. El Día Internacional de la Mujer Trabajadora es un recordatorio de que la conquista de derechos nunca ha sido sencilla ni lineal, y que la dignidad se construye cada día en la resistencia y la solidaridad. La memoria de las mujeres que lucharon por mejores condiciones, por el voto, por el acceso a la educación y la salud, debe seguir inspirando acciones colectivas y compromisos concretos.
La búsqueda de un mundo más justo requiere que la sociedad recupere el sentido crítico frente a las celebraciones, que se atreva a mirar más allá del envoltorio comercial y reconozca el valor de la historia, la diversidad y la dignidad. La lucha por la igualdad y el reconocimiento no puede ser reemplazada por campañas de marketing ni por gestos vacíos; necesita voluntad, empatía y acción social. Es precisamente en la conciencia y la movilización donde reside la esperanza de transformación.
Conclusión: Reconocimiento genuino y llamado a la acción social
El desafío está en rescatar el significado profundo de las conmemoraciones y devolverles su carácter original: ser espacios de memoria, reflexión y reivindicación. El Día Internacional de la Mujer Trabajadora debe ser una oportunidad para honrar la diversidad de las mujeres, reconocer sus luchas y construir colectivamente una sociedad más equitativa. Frente a la mercantilización, es vital mantener la conciencia de lucha y dignidad, apostando por el compromiso social y la transformación real.
Solo así podremos romper el ciclo de trivialización impuesto por el capitalismo y hacer de cada conmemoración un acto de resistencia, solidaridad y esperanza. Es momento de pasar del consumo a la conciencia, del gesto superficial a la acción comprometida, y de celebrar no solo la existencia de las mujeres, sino su derecho a un mundo más justo y digno.
Autor: José Justo Calderón Dongo
(Arequipa, 1971)
Antropólogo, estudioso de la obra de José María Arguedas, así como de la obra de K.M., escritor comprometido, y militante desde la producción audiovisual.
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