Siwares que llegan hasta el sol para beberle su fuego y llamear sobre las flores del mundo. JMA

“SIN ALIENTO” DE JEAN LUC GODARD

La película “Sin aliento” de Jean Luc Godard, escudriñada desde el cine plural.

Fue un pintor de talla inmortal Paul Gauguin el que acuñó la frase “En el arte uno es plagiario o un revolucionario”, y más tarde Jean Luc Godard buscó en su ópera prima exactamente eso, ser un revolucionario frente a lo que estipulaba en aquellos años el cine francés, creando así una nueva filosofía que rompa todos los moldes, en tiempo, técnica y lenguaje fílmico.

Michel un ladrón de oficio que vive su día a día robando autos de lujo, dinero, sin ningún remordimiento por los medios por los cuales lo consigue, se enamora de Patricia una chica newyorquina que duda constantemente de sus sentimientos, tienen constantes reflexiones sobre el miedo, el amor, la nada; en donde muestran una necesidad de encontrar en tanto devaneo una respuesta a la búsqueda de una autenticidad, dándole cierre a su historia con un acto de traición.

Recordemos que esta historia fue un regalo de Francois Truffaut, en donde Godard hizo suyo el argumento, y lo concibió como propio dándole una sensibilidad diferente, a pesar de que esta podría confundirse como un homenaje al cine Hollywodense por las referencias que se muestran durante los 90 minutos, en donde Michel se modela como un Humprey Bogart y hay referencias al cine negro, es más bien la destrucción del cine que Godard amaba.

Godard deja claro, que busca romper con los moldes, escribía los diálogos la noche anterior o la mañana del rodaje, animar a la improvisación y hacer muy pocas tomas para preservar una sensación de autenticidad; usó los 23 días que duró el rodaje de forma tal que incluso en el manejo del tiempo real, fue innovador y aleatorio; usó ambientes reales para buscar mayor autenticidad, no usó libretos previos sino espontáneos, escenas cortadas en donde la naturalidad prevalece antes que lo técnico; pero reducir la película solo a lo anterior es sobreestimar su verdadera naturaleza. La Nouvelle Vague, a donde pertenece Godard, es un manifiesto cultural en donde convergen, chocan y se combinan la tradición y la vanguardia, el documental callejero y la cita

Para arriesgarse hay que ser libre y para ser libre hay que suprimir las ataduras, dijo Jean-Luc en una entrevista y supo plasmarlo totalmente desde su primera película; las ataduras y las líneas convencionales nos llevan a una estructura cuadrada de la cual difiere totalmente la teoría del cine plural, lo que nos lleva a pensar en que ya desde esos años se pensaba la pluralidad como una posibilidad, como un acto de resistencia, una oda a la libertad de pensamiento y de acto;  siendo el cine el medio supremo para poder realizarlo.

El cine se convierte en un arte libre, sin normas ni leyes que lo limiten, un arte capaz de todo, en donde cada personaje se desviste de su papel y se convierte en un ser común y real, donde la subjetividad del autor podía convivir con el caos de lo real, en donde las citas pudieron construir un lenguaje original y donde cada decisión era también una declaración de rebeldía contra lo clásico y conocido. La libertad a la que hacemos referencia es la esencia del cine plural, la convicción de que un cineasta puede romper todas las reglas existentes y encontrar belleza en ese acto en busca de una verdad más profunda.

La última escena nos muestra la figura de un Michel Poiccard huyendo de la justicia por las calles de París hasta su caída mortal, esta es la representación perfecta de la revolución cinematográfica; no es solo un desenlace sino la manifestación visual de la Nouvelle Vague, en donde Michel es la representación a esa consigna de “no hay que frenar nunca” incluso cuando ya uno ha decidido rendirse, incluso cuando se siente cansado. La huida no es solo física sino también una de reflexión frente a un sistema que desprecia. El uso de los “Jump Cuts” o cortes abruptos crea un ritmo entrecortado y nervioso, rompe con esa fluidez a los que el cine tradicional nos tiene acostumbrados; el movimiento que nos da la grabación (cámara al hombro) permite al espectador sentirse parte de la persecución.

Debemos considerar que toda liberación y revolución representan desafíos personales y colectivos, ya que esto supone un camino espinoso pocos deciden arriesgarse y tomar este camino por difícil que resulte; uno debe cuestionar permanentemente hacia dónde va y que debe hacer para llegar. El desafío que se planteó Godard fue sin duda revolucionario, y ese acto emancipador y de revolución debe ser para nosotros una consigna; romper con el sistema en el que vivimos para tener un pensamiento propio es algo que suele etiquetarse como subversivo; y aunque Poiccart haya sido un ladrón, hay algo que debiéramos aprender de él : “No hay que frenar nunca”.

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Raquel
Raquel
27 dias hace

Explicación excelente , inspira ver la película inmediatamente y si ya la viste , volver a verla desde otro ángulo.

Autora: Rosario Elizabeth Rondón Díaz

(Arequipa,1982)

Docente, investigadora, con amplia experiencia en gestión, cinéfila, y fundadora de PLUCINERSA una escuela internacional  de cine que sienta sus bases en la pluralidad.

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