Siwares que llegan hasta el sol para beberle su fuego y llamear sobre las flores del mundo. JMA

LA UTOPÍA ANDINO-AMAZÓNICA DEL “DIABLO FELIZ”

Una reflexión sobre la utopía andinoamazónica, en base a la famosa frase del Tayta Arguedas: “soy un peruano que orgullosamente, como un demonio feliz”, pronunciada en el discurso de agradecimiento al premio “Inca Garcilaso de la Vega”, en octubre de 1968.   

 

 

La frase que nos legó el Tayta Arguedas, “soy un peruano que orgullosamente, como un demonio feliz”, trasciende la simple autoafirmación personal para convertirse en un prisma desde el cual es posible comprender la utopía andina y la profunda esencia de la civilización andino-amazónica. Esta expresión, lejos de ser anecdótica, condensa siglos de historia, resistencia y adaptación cultural, y se erige como símbolo de orgullo y pertenencia en un país marcado por la diversidad y los retos de la convivencia intercultural. Analizar su significado permite, además, cuestionar mitos históricos y reivindicar la riqueza cultural del Perú.

Durante siglos, la visión dominante sobre los pueblos andinos y amazónicos ha estado marcada por el mito del aislamiento cultural. Desde la llegada de los conquistadores españoles, se impuso la narrativa de que las culturas originarias eran cerradas, inmutables y ajenas al contacto con el mundo exterior. Esta idea fue reforzada tras el arribo de los españoles y su posterior conquista sangrienta, que dio paso a una colonización violenta y dejó un estigma demencial, radicalizado luego por las élites criollas, continuando con el genocidio evangelizador y republicano dirigido contra mestizos y originarios. Las repúblicas extremaron el estigma racial y presentaron al “indio” como símbolo de inferioridad, incapaz de integrarse al progreso y la modernidad; un ser desconectado, retraído, casi un anacoreta colectivo, proclive a la violencia y la ruptura con los “consensos sociales”: un demonio.

Sin embargo, la historia demuestra que las civilizaciones andino-amazónicas previas a la conquista mantenían complejas redes de intercambio, no solo comerciales, sino también culturales y simbólicas. Ejemplos como el Qhapaq Ñan, la red de caminos del Tahuantinsuyo, y la convivencia entre diversas etnias y lenguas en todo el continente, evidencian una vocación interrelacionada y receptiva. La conquista y la posterior colonia, lejos de aislar, generaron procesos de mestizaje, sincretismo religioso y reelaboración de identidades que aún hoy definen y redefinen la peruanidad.

La cultura andino-amazónica se caracteriza por una asombrosa capacidad de adaptación, integración y armonía con la diversidad. A diferencia de modelos civilizatorios basados en la homogeneidad, el mundo andino-amazónico reconoce y celebra la pluralidad: múltiples lenguas, dioses, costumbres y formas de organización social coexisten en un entramado dinámico y resiliente.

Esta esencia vinculante se manifiesta en prácticas como la reciprocidad (ayni), la redistribución (minka, mita) y las múltiples festividades colectivas, donde la cooperación y la solidaridad priman sobre la competencia individual. La demonización occidental, entonces, queda desvirtuada y el “ser maligno” que presentaba y que aún señala con su dedo acusador, se transforma en el “demonio feliz” de Arguedas, que encarna precisamente esta capacidad de vivir en equilibrio con la naturaleza y con los otros, sin renunciar a su identidad ni a la posibilidad de transformar creativamente la realidad.

José María Arguedas vivió y pensó desde la frontera entre dos mundos: el andino y el occidental. Su experiencia de habitar ambas culturas le permitió experimentar el dolor de la exclusión, pero también descubrir el poder de una identidad vinculante y mestiza. Para Arguedas, ser un “demonio feliz” no implicaba negar el sufrimiento ni la discriminación, sino afirmar la dignidad y la riqueza interior de quien, pese a las adversidades, es capaz de amar, sentir y recrear su vocación cultural diversa, y por lo tanto disentir con el proyecto civilizatorio uniformizante.

Cuando Arguedas reconoce que es un “demonio feliz”, asume que es un andino-amazónico que se mueve entre dos culturas y dos formas de concebir la realidad. No se siente dividido, sino perteneciente a una civilización con identidad diversa. Esta expresión, “demonio feliz”, reafirma un sentido de poder y orgullo, pues posee la esencia civilizatoria andino-amazónica y, además, se ha apropiado del idioma y de la expresión cultural del otro; habita ambos mundos como un ser que ha evolucionado en un entorno absolutamente diverso.

Por ello, el discurso al que hacemos referencia culmina de la siguiente manera: “No, no hay país más diverso, más múltiple en variedad terrena y humana; todos los grados de calor y color, de amor y odio, de urdimbres y sutilezas, de símbolos utilizados e inspiradores. No por gusto, como diría la gente llamada común, se formaron aquí Pachacámac y Pachacútec, Huamán Poma, Cieza y el Inca Garcilaso, Túpac Amaru y Vallejo, Mariátegui y Eguren, la fiesta de Qoyllur Riti y la del Señor de los Milagros; los yungas de la costa y de la sierra; la agricultura a 4.000 metros; patos que hablan en lagos de altura donde todos los insectos de Europa se ahogarían; picaflores que llegan hasta el sol para beberle su fuego y llamear sobre las flores del mundo.”

II

Si analizamos en perspectiva la expresión “soy un peruano que orgullosamente, como un demonio feliz” de Arguedas, podría interpretarse como una exhortación y leerse como una invitación a “ser demonios felices”. En esta línea de reflexión, podemos colegir que se trata de una invitación a sentirnos peruanos felices, auténticos, orgullosos y plenos. Por tanto, “ser demonios felices” es mucho más que una frase; es una invitación profunda a reconocernos y afirmarnos desde nuestra autenticidad, desde la raíz misma de nuestra identidad originaria. Este llamado resuena especialmente en los pueblos andino-amazónicos, donde la diversidad no solo se celebra, sino que constituye la esencia de su existencia.

Ser “peruanos felices” implica partir de lo que somos, sin disfraces ni imitaciones, abrazando nuestra historia, cultura y formas propias de entender el mundo. Pero la autenticidad, en el contexto andino-amazónico, trasciende la identidad individual: es, ante todo, pluralidad. Aquí, la identidad no es un concepto rígido o cerrado, sino un mosaico de voces, costumbres, lenguas y visiones que conviven y se transforman mutuamente.

El ser andino-amazónico es, por naturaleza, plural. A lo largo de la historia, estos pueblos han aprendido a vivir y a evolucionar en la heterogeneidad, en el diálogo constante entre diferencias y contradicciones. Lejos de buscar la uniformidad o una sola manera de ser, la cultura andino-amazónica reconoce que la fortaleza está en la diversidad: en la convivencia armónica de múltiples formas de vida, cosmovisiones y saberes.

Este es el quid de nuestra utopía: no se trata de una utopía uniforme, sino de una utopía plural. Es un sueño colectivo donde caben todas las diferencias, donde ser “demonios felices” significa tener un lugar propio y digno en ese horizonte compartido. En esta utopía, las distintas sangres, culturas y orígenes encuentran un espacio para florecer, sin ser anuladas ni homogeneizadas.

Finalmente, la expresión “ser demonios felices” se proyecta hacia una utopía de todas las sangres globales. Es una propuesta para el mundo entero: construir sociedades donde la diversidad sea celebrada, donde cada pueblo y cada persona pueda ser feliz desde su propia raíz, aportando a una humanidad más rica, más justa y verdaderamente plural.

“Ser demonios felices” es, entonces, un llamado a la autenticidad y a la pluralidad. Invita a reconocernos desde lo propio, a valorar la heterogeneidad y a soñar con un futuro en el que todos, sin importar origen o cultura, tengamos un lugar en la utopía de todas las sangres. Un sueño que, desde los Andes y la Amazonía, puede volver a inspirar al mundo global.

4.3 4 votes
Puntuación
guest
0 Comentarios
Pasado
Reciente Mas valorado
Inline Feedbacks
Ver todos los comentarios

Autor: José Justo Calderón Dongo

(Arequipa, 1971)

Antropólogo, estudioso de la obra de José María Arguedas, así como de la obra de K.M., escritor comprometido, y militante desde la producción audiovisual.

Artículos Recomendados

autor

CUANTO VALE LA VERDAD

El amor, el sexo, una dupla muy atractiva, de la que nadie puede zafarse. No importa si te va bien o mal lo cierto es que volverás a reincidir. Solo encontrarás paz cuando la naturaleza lo quiera, antes no hay ilusión que valga.

Read More »

VIVIR ENTRE FANTASMAS

En el tiempo de los libros no hay lugar para la tranquilidad. El lector no acepta gente normal, demanda el mismo infierno. Los personajes llanos no forman parte de sus curiosidades.

Read More »