Siwares que llegan hasta el sol para beberle su fuego y llamear sobre las flores del mundo. JMA

CENIZAS EN EL AIRE

Muelle del Lago Titicaca – Puno – 2025. Sammy Álvarez

                   

         << El dinero no da la la felicidad, pero siempre es mejor llorar en un Ferrari>>. María Félix.

Los seres humanos no necesitan la felicidad para llevar una vida plena de satisfacciones biológicas y espirituales. Lo que llamamos placer es el encargado de procesar todas las experiencias que demanda el acto de vivir, como; alimentarse, reproducirse o tener relaciones sociales-espirituales. Si una persona por las razones que sean no incorpora a su vida la felicidad no es una vida pobre en emociones espirituales o sensaciones biológicas por el contrario es una vida plena desde lo natural. La naturaleza lo ha equipado perfectamente para sentirse satisfecho con las recompensas de placer. Nuestro cuerpo solo demanda y busca aquello para lo que está capacitado y tenga plena necesidad para su existencia. Las causas que generan felicidad son de origen diferente. Las recompensas vitales están reguladas por el placer no por la felicidad.

La felicidad en sus diferentes formas; nostalgia, meditación, contemplación, paz interior, llanto, etc. es una opción cultural que el hombre ha ido inventando e incorporando como producto de su quehacer civilizatorio. En el largo e incierto camino desde bajar del árbol hasta el ordenador con que escribo estas líneas, descubrió algo parecido al placer, pero de menor intensidad. Descubrió que la felicidad podía construirla y sobre todo controlarla a partir de la ejecución de algunas acciones, por ejemplo; leer libros, relatar por puro gusto las andanzas ficticias de algún personaje a quien quiera escuchar, memorizar diálogos cinematográficos -como en mi caso- para acompañar la belleza de una imagen y no se empobrezca sino sea todo lo vívida posible.

Cuando el ser humano descubre la felicidad ocurre casi una revolución; ya no estará nunca más sometido solo a la brutalidad del placer, ahora podrá disfrutar de momentos agradables y tranquilos si es el caso, sin tener la obligación de buscarlos. Podrá elegir sin la espada de la necesidad, podrá sentarse en el dintel de su casa y mirar el horizonte el tiempo que le apetezca. Podrá entonar una canción y agradecer a los dioses por un día más de vida.

Conviniendo que la felicidad es un acto de libre elección, sin embargo, el proceso de construirlo no es nada fácil, es hasta dispendioso. Acceder a ella demanda energía, por lo que no todo el mundo está dispuesto a buscar la felicidad y hace bien. Cuando se quiere contemplar la naturaleza o lograr la paz interior, al ser humano le es difícil apartarse de la infinidad de estímulos que ha creado la época contemporánea. Poner en blanco la mente es casi inaccesible.

En el caso de que alguien elija obtener felicidad de la lectura de un libro de ficción, por ejemplo, sabemos por neurociencia el proceso complejísimo que realiza el cerebro. Cualquier lector medianamente familiarizado con la lectura percibe que leer es una actividad llena de incordio. Leemos por curiosidad aunque sea doloroso y por trabajo intelectual. En general hay que rascar mucho para obtener algo de felicidad.

Ahora si elegimos el proceso inverso; contemplar el paisaje, buscar tranquilidad, paz interior, poner la mente en blanco, deshacernos de toda preocupación, de todo problema por un momento; también requiere mucho esfuerzo, incluso más que cuando usamos una prótesis cultural como un libro. Y sin tiempo libre no hay felicidad.

Los dos caminos tienen un precio.

Pero, cualquiera que sea el costo por pagar, quizá, tal vez, vale intentarlo por dos razones. Uno; porque es un acto libre y a voluntad. Dos; por mínima y gravosa que sea la recompensa habrá valido la experiencia de anhelar sentir algo agradable.

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Autor: Samuel Alvarez Roque

(Moquegua, 1964)

Tiene estudios de Literatura en la UNSA. Estudió en el ICPNA. Ha realizado traducciones académicas y literarias. Y se dedica a la composición fotográfica.

 

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