Siwares que llegan hasta el sol para beberle su fuego y llamear sobre las flores del mundo. JMA

  Dos aventureros, una promesa y una libranza pollinesca.

2024 Eyad Baba/AFP via Getty Images.

Don Quijote debió verse en verdaderos aprietos cuando cayó en la cuenta de que le faltaba un escudero para darle un mínimo formalismo a su próxima aventura, así estaba escrito en los libros que leía y tiranizaban su vida. Incluso había perdido el juicio a causa de enfrascarse en leerlos en sus momentos de ocio, que eran la mayor parte de su tiempo.

No es difícil imaginar en un pueblo chico la penuria que resulto buscar a un tipo que acepte el extraño y desfasado puesto de escudero. Sin contar con su empleador un señor algo mayor para su época, medio chalado, con fama de lector de libros de caballería en un mundo de campesinos, razón por la que olvidó el ejercicio de la caza y la administración de su hacienda.  Sus lectores podemos imaginarlo, más allá de lo que nos refiere el narrador, yendo de aquí para allá, de allá para acá, surtiendo necesidades y vergüenzas en su afán de hacerse de la voluntad de alguien que lo acompañe en sus propósitos.

Las relaciones que ha tejido el hombre civilizado no podrían funcionar si no fuera por un valor de cambio que pasa desapercibido, aunque lo usemos a diario; la promesa. Lleva una característica distintiva que no guarda equilibrio entre los concurrentes; una de las partes lo da todo y la otra nada. Quizá la mejor forma de enganchar a los hombres para abrirse paso en lo desconocido, sobre todo en aquellos tiempos. Voluntades libres solo se ganan con una promesa. Por ejemplo; el aviso de Ernest Shackleton cuando necesitaba hombres para ir al polo sur: << Busco hombres para viaje peligroso. Sueldo escaso. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura el regreso. Honor y reconocimiento en caso de éxito>>. La promesa mezclada con lo desconocido hizo que se presenten miles de candidatos. La curiosidad que provoca la promesa hace trizas cualquier mente sensata. Otra dimensión que trae es la sorpresa y violencia con que aparece un hecho que no estaba ni por asomo en la vida del promesado. Refinada forma de comprometer a los hombres en acciones inciertas. La promesa siempre lleva a una acción inmediata; la voluntad de actuar. Eso la diferencia de cualquier otro impulso del uso de energía para transformar. Iniciador de acciones que no necesita causalidades para que suceda. Presenta posibilidades de forma mágica no consideradas antes por el promesado. Moriríamos paralizados por falta de estímulos en la oscuridad del siguiente día. Ningún otro animal practica este acto orientado hacia lo inexplorado y que contenga tanta proyección de acciones.

En el tomo 1, capítulo IV, Cervantes nos da la primera pista de que Don Quijote anda más que necesita de un escudero. Parece que haciendo cuentas le echo el ojo a; << un labrador vecino suyo que era pobre y con hijos, pero muy a propósito para el oficio escuderil de la caballería>>. No debió ser el único prospecto que tuvo en mente, pero por alguna razón pensó ofrecerle el puesto de trabajo a Sancho Panza. Luego, en el tomo 1, capítulo VII, viene la segunda referencia a Sancho y el ofrecimiento formal de escudero.

Podemos imaginarlos en largas y numerosas conversaciones. A Don Quijote tratando de argumentar con razones la clase de trabajo que iban a realizar. Al inicio, Sancho, recibiría la oferta más que sorprendido, no es difícil suponer que estaba tratando con un loco de remate, era un oficio que no existía en la realidad inmediata. Probablemente, nunca escucho hablar de escuderos ni caballeros andantes, era un campesino analfabeto. Los primeros tanteos acabarían en un rotundo fracaso. Sancho era todo o nada por la urgencia de partir y por la escasez de candidatos. Detectaría ciertas dudas, que es el inicio de grandes cosas, inseguridades, algo de ambición en los ojos de Sancho. Resquicios que le infundirían esperanzas para que Sancho Panza decida acompañarlo. Intentaría seducirlo con un mundo producto de sus lecturas anacrónicas. Cervantes nos informa que tuvo que persuadirlo y prometerle mucho.

Hechos todos los intentos, Don Quijote todavía tenía un haz bajo la manga, un bien poderoso, irresistible: el poder. La promesa de hacerlo gobernador de una ínsula. Sería su vínculo más indestructible a lo largo de los dos tomos y un aspecto determinante en la novela. La sociedad de estos hombres y una promesa de por medio los hace una pareja formidable en la historia de los mundos mentales que han inventado los hombres.

Sancho Panza apenas acepta el oficio de escudero, lo vemos completamente transformado. Vive los efectos del poder. Una noche abandona su casa sin despedirse de su mujer ni de sus hijos, tampoco lo hace Don Quijote, de su ama ni de su sobrina. De aquí en adelante difícil diferenciarlos.

No bien amanece, Sancho Panza montado en su jumento, lo primero que hace es recordarle a Don Quijote, no sin ironía su promesa de hacerlo gobernador.

-Mire vuestra merced, señor caballero andante, que no se le olvide lo de la ínsula que me tiene prometida; que yo la sabré gobernar, por grande que sea.

Lo cierto es que Sancho muerde el anzuelo y asienta de escudero. El poder, a pesar de ser una de las categorías más abstractas; no se puede ver, oler ni tocar. Sancho lo entiende o intuye de que se trata. Su falta de educación formal o tradición familiar no lo considera un obstáculo en su afán de conseguirlo y de lograrlo; ejercerlo. El poder empaquetado en una promesa lo lleva a arriesgar todo.

Siempre será motivo curiosidad y enorme placer al leer porque Don Quijote le promete poder a su escudero, más allá de que como lector escrupuloso de libros de caballería cree que los escuderos tenían cierta posibilidad, si la suerte los acompañaba, dios mediante, de ser gobernadores de alguna ínsula. Es de interrogarse porque no le prometió algo concreto y vea in situ el beneficio que obtenía. Dado el origen rural de ambos, usuarios de una economía basada en la agricultura, lo natural hubiera sido que le ofrezca pagar con productos agrícolas, animales de trabajo o para beneficiar, una partida de chivos, un jacal de gallinas, un pegujal, etc. Alguien pensará en un salario mensual como el mismo Sancho pide señalarle. Pero Don Quijote se niega rotundamente y se parapeta en los libros que ha leído; << Mira, Sancho; yo bien te señalaría salario, si hubiera hallado en alguna de las historias de los caballeros andantes ejemplo de que me descubriere y mostrase por algún pequeño resquicio qué es lo que solían ganar cada mes, o cada año; pero yo he leído todas o las más de sus historias, y no me acuerdo haber leído que ningún caballero andante haya señalado conocido salario a su escudero >>.

La historia avanza a todo vapor y no llega la gobernatura. En algún momento Sancho Panza está convencido que la promesa de alcanzar el poder se la ha hecho un loco y va descubriendo de oídas que todo lo que le ha contado de los libros de caballerías es mentira, pero no porque Don Quijote sea mentiroso. Para entonces su amistad está tan galvanizada que ya es difícil que lo abandone a pesar de intentarlo varias veces.

Sancho vigila celosamente la promesa de la gobernatura, reiteradamente cae en desánimo por los sinsabores que va experimentando; es manteado, pierde las alforjas con sus provisiones, insultado, maltratado, etc. Su amo trata de compensar sus servicios con dinero que le señala y se pague de su propia mano y con algo de los despojos producto de sus refriegas. Cuando creemos que tiene pocas posibilidades de que el escudero llegue al poder, gracias a los mecanismos de la ficción, Sancho Panza alcanza la gobernatura. Don Quijote rápidamente lo invita a ser agradecido;

-Híncate de rodillas, Sancho -dijo Don Quijote-, y besa los pies a su excelencia por la merced que te ha hecho.

P.D. Miguel de Cervantes ejecuta un artefacto realmente milagroso. En cerca de 420 años nadie lo ha superado. Si alguien lee esto abandonadlo inmediatamente y ponte a leerlo. No sé quién lo dijo, lo aclaro por si acaso.

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Autor: Samuel Alvarez Roque

(Moquegua, 1964)

Tiene estudios de Literatura en la UNSA. Estudió en el ICPNA. Ha realizado traducciones académicas y literarias. Y se dedica a la composición fotográfica.

 

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