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Un canto a la esperanza y la vida frente a la muerte
El poema “Masa” de César Vallejo es una obra profundamente conmovedora que, a través de imágenes sencillas pero potentes, nos invita a reflexionar sobre la guerra, la muerte y el dolor humano. Sin embargo, más allá del pesimismo inicial, Vallejo transforma su poema en una contundente reivindicación de la vida y la esperanza.
A lo largo del poema, observamos cómo la muerte parece tener la última palabra: ni el amor de uno, ni el clamor de muchos logran devolver la vida al combatiente caído. Sin embargo, la insistencia colectiva, el deseo universal de que la vida prevalezca, termina por vencer a la muerte. El cadáver, ante la súplica de todos los hombres de la tierra, se levanta y abraza al primer hombre, haciendo de la solidaridad y el amor fuerzas capaces de superar incluso lo imposible.
“Masa” no solo denuncia el sinsentido de la guerra y el dolor de la pérdida, sino que se eleva como un himno a la esperanza. Vallejo afirma que la vida es invencible cuando se une el amor y la voluntad de todos. El poema nos recuerda que, aunque la muerte y la guerra parezcan implacables, la vida y la fraternidad humana son fuerzas que jamás podrán ser derrotadas.
MASA
Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: «¡No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Se le acercaron dos y repitiéronle:
«¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando «¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate hermano!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Entonces todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar…
El último verso de este poema está compuesto por una imagen poderosa que nos invita a reflexionar sobre la solidaridad humana y el valor de la empatía, recordándonos que el abrazo colectivo puede devolver la esperanza y el movimiento cuando todo parecía perdido. Vallejo, con su verso final, nos inspira a caminar juntos, reafirmando que la unión de los hombres puede transformar el dolor en acción.
Hoy, que es un momento urgente, nos permitimos remendar su último verso y declamarlo con fuerza: “Entonces todos los hombres de la tierra le rodearon, les vio el palestino triste, emocionado, incorporose lentamente, abrazó al primer hombre, echose a andar.”
Autor: José Justo Calderón Dongo
(Arequipa, 1971)
Antropólogo, estudioso de la obra de José María Arguedas, así como de la obra de K.M., escritor comprometido, y militante desde la producción audiovisual.
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“Entonces todos los hombres de la tierra le rodearon, les vio el palestino triste, emocionado, incorporose lentamente, abrazó al primer hombre, echose a andar.”
“Todos los hombres de la tierra” deberían/tendrían que tener en comun como principio universal “la no violencia activa”; es decir, un ideal que los una con la misma sensibilidad de humaniza la tierra